martes, 16 de septiembre de 2014

Cortando por lo sano

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Érase un vez un médico que acostumbraba a curar a sus víctimas cortando la parte enferma y un poquito más, por aquello del "por si acaso"...

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A Antonio el panadero le cortó el meñique porque se le infectó un padrastro. A Pepi la frutera le salió un grano en la planta del pie, ni de la planta ni del pie nunca más se supo. A Alejandro el del bar le salió una úlcera de duodeno y se curó tras 17 años comiendo con pajita. Eustaquio, que puso una tienda de animales éxoticos en el garage de su tío porque creyó que era un buena idea, le picó el primer día una viuda negra, oscureció gran parte de su brazo derecho y el médico le salvó la vida cortándoselo, con lo que tuvo que cerrar la tienda porque su tío era muy supersticioso y decía que no entraba un manco en su casa así se lo mandara el médico...mala elección...el año siguiente se partió el codo recogiendo patatas y el médico se lo mandó amputar. Porque Mariano, el médico del pueblo, no creía en las prótesis, ni en las escayolas, ni en los clavos, ni en ninguno de esos inventos absurdos de la ciencia ni de la sabiduría popular que sólo servían para poner en grave riesgo a los "pacientes". No creía en el bicarbonato, ni en la leche con miel y limón, ni en el agua oxigenada. Cortar. Cortar por lo sano como única manera de salvar a sus víctimas. En el pueblo con más lisiados del mundo raro era el habitante que no le faltara algún trozo de su cuerpo. Pero nadie se quejaba porque era por su bien, la infección no progresaba a órganos vitales, la inflamación no afectaba a zonas sanas. En una ocasión el jardinero le preguntó al médico "¿qué hago con el pino de la plaza que le ha salido una escoba de bruja?" "No te compliques y corta" "¿corto sólo la rama, no?" "Tú veras, pero yo que tú no me complicaba, corta el pino y adiós a la bruja esa". Manuel, el jardinero, no podía creer lo que oía y estuvo a punto de cortar el pino pero afortunadamente tuvo la precaución de mirar en internet y por primera vez en la Historia del pueblo no se siguió el criterio del médico. Al principio no llamó mucho la atención este hecho pero Manuel lo comentó en la barbería como por casualidad. Estupefacto el barbero le empezó a temblar la navaja y los clientes estuvieron a punto de perder algún órgano vital sin necesidad de la prescripción médica del doctor. Se corrió la voz rápidamente y en pocas horas todo el mundo sabía ya que el jardinero, a pesar de no tener pulgares porque de pequeño se los chupaba en exceso y el médico decidió cortar, fue el pionero, el abanderado, el líder de una nueva corriente de oposición al criterio impuesto por el doctor Mariano...Había que ponerle un nombre a esta forma de actuar, un nombre lo suficientemente prohibido para que al nombrarlo ya se supiera que era algo clandestino, algo que se oponía a lo establecido pero que partía del ignorante populacho que no sabía de medicina ni de la vida en general, pero por primera vez sí sabía una cosa: que el médico no era infalible ¿Y si aquella vez que María, la de la tienda de chuches, que le dio un ataque de asma, en lugar de unos caramelitos el médico le hubiera dado un chute de ventolín? Sí, probablemente ahora no necesitaría bombona de oxígeno para subir las escaleras ¿Y si ese fatídico día que Pepe el carnicero, tuvo la mala suerte de pisarle el rabo a un gato que le saltó a la cara y le sacó un ojo, el doctor Mariano no hubiera decidido que el parche era mejor solución que la mesa de operaciones? Y así podríamos seguir con ejemplos que se debatían en secreto en las reuniones de esa nueva corriente de pensamiento crítico que aún no sabían qué nombre ponerle pero que estaba haciendo tambalear la confianza depositada en el médico del pueblo, EL MEDICO, por Dios, ¿quién lo iba a decir? ¿Sería verdad que durante todos estos años el doctor pudo hacer las cosas de otro modo y no lo hizo? ¿Porque no sabía hacerlas de otra manera o porque era la solución más fácil? ¿Más fácil para quién, para él o para sus pacientes convertidos en víctimas? En una ocasión Lucía, la hija de Pepi la frutera, se cayó en el patio y se hizo la típica herida de rodilla de niña de 9 años con potencial de costra+pus y que según los acontecimientos de los últimos 30 años sería sustituida en breve por pata de palo por obra y gracia del Doctor Mariano. Lucía, con la inocencia de su edad pero con la lógica de su misma edad preguntó ¿y por qué el Dr. Mariano no es un lisiado? ¿Ha sido sano toda su vida? ¿No se ha caído nunca? ¿Nunca se ha puesto enfermo? Pepi sin pensarlo demasiado le soltó de carrerilla lo que todos los padres les decían a sus hijos cuando llegaban ese tipo de preguntas: es que al Dr. Mariano lo atienden los médicos de la ciudad que deben de tener otro criterio. Además si fuera un lisiado no podría atendernos adecuadamente cuando nos ponemos enfermos. En ese momento Pepi se dio cuenta. Es verdad. Hay otros criterios, y esos criterios estaban generando lisiados y amputadores que cortan por lo sano. Pensaréis que este cuento tiene final feliz. Pues no. Lucía juega en el parque con una bonita pierna de plástico madeinTaiwan y la corriente de pensamiento crítico existe pero ahora las discusiones se centran en ponerle un nombre adecuado y en elegir un líder que pueda plantarle cara al Dr. Mariano. Hay discusiones en el bar, en la barbería, en la frutería...hasta en tuiter donde los paisanos del pueblo han aprendido a ponerse sobrenombres como "El justiciero cojo" "El recortao" "La Muleta vengadora" y todo tipo ingeniosos apodos para desahogarse en la red y maldecir el día en el que el Dr. Mariano les arrebató una parte de su cuerpo...por su bien...para salvarles la vida...una vida lisiada.

Moraleja forestal: En el desierto hace un calor sofocante y un montón de humanos irresponsables que usan el fuego para cocinar y calentarse pero nunca se supo de la presencia de incendios forestales.

Si os gustan mis entradas podéis apoyarme en los premios Bitácoras 2014 en la categoría de Ciencia, el mundo forestal y medioambiental debería estar bien representado aunque compitamos contra los gigantes de la ciencia básica. Gracias como siempre por vuestro estímulo.


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