lunes, 27 de febrero de 2017

The Man in the High Pazo

Eran las doce y una densa atmósfera de cigarro, whisky y coñac hacía casi irrespirable esa noche en el Savoy. Me enfrentaba a mi quinta copa y ya no sabía si al levantarme del sillón de escay iba a poder salir dignamente de la sala. Ese día había sido mucho para mi y aunque sabía que una borrachera no lo arreglaría, me resultaba inaguantable enfrentarme a ello sobrio. Rebeca se acercó como todas las noches a pedirme fuego y yo obedecí con un movimiento automático que me impidió mirarle a los ojos. Me nota distinto pero no me dice nada. A ella no se lo puedo ocultar. Pero no me encontraba con fuerzas para decirle que ella es lo único que me importa en la vida, que es lo único auténtico que me rodea en un mundo de mentiras y engaños. Hace sólo un día pensaba que ocultar la verdad podía ser bueno si se aspiraba a un fin que lo justificara, pera hoy sé que nada justifica la mentira porque es el arma de los poderosos que lleva a la tiranía y al abuso. Por eso quise decirle a Rebeca que se quedara conmigo toda la noche, para convencerme que yo mismo no soy una mentira, para autoengañarme y pensar que no contribuyo a la burla global. No. Yo no. Pero no pude decírselo. El informe que he descubierto es mucho para mi y no sé si el resto del mundo está preparado para asumir la verdad: los incendios forestales destruirán los bosques españoles en el siglo XXI y fueron planificados meticulosamente para perpetuar la sombra del fascismo. Y yo soy su instrumento.


Soy Ingeniero de Montes y soy culpable. Culpable de haber sido un ingenuo. Cuando accedí a la Escuela de Ingenieros de Montes, como cualquier otro de mis compañeros, asumíamos que nos convertiríamos en instrumentos del Estado. Sabíamos que Hartig y Cotta, los padres de la selvicultura, iban a ser poco menos que antecesores del pensamiento falangista. Y así se nos hizo saber a nosotros y al resto de la población: plantar árboles era de ser un "buen fascista español". Y no cualquier árbol. Había que plantar pinos e incluso eucaliptos ¿Por qué? En aquel momento nos daban argumentos más que razonables: damos jornales en áreas rurales que están en la miseria después de la guerra, ponemos especies de crecimiento rápido para obtener madera en plazos cortos y así no tener que importarla en nuestra precaria situación económica y de autarquía, protegemos cabeceras de cuenca despobladas de vegetación después de siglos de sobrepastoreo y roturaciones que están generando serios problemas de inundaciones aguas abajo y de colmatación de nuestros queridos embalses (los ingenieros de caminos son buenos franquistas igual que nosotros). También nos daban argumentos biológicos diciéndonos que algunas de esas repoblaciones, las denominadas "de protección", eran la primera etapa evolutiva de un proceso en el que se tendería a los bosques mixtos con frondosas mediterráneas una vez que se hubiese conseguido la restauración del área degradada, persiguiendo obtener una masa arbórea sobre la que empezar a trabajar con gestión forestal y que se pareciera cada vez más a un bosque maduro. Todo mentira. Un grupo de ingenieros forestales inquietos por estos dudosos argumentos hemos entrado en contacto con unos tipos que se hacen llamar "ecologistas" y que se han constituido en la resistencia a este asqueroso sistema dictatorial y mentiroso. El informe que nos han entregado es demoledor. Plantea un panorama de economía forestal planificada que tiene más que ver con el comunismo stalinista más rancio que del doméstico fascismo español. Habíamos subestimado al "Home do Pazo". Así lo llamaban. La resistencia había conseguido documentación suficiente para asegurar que existía el proyecto "The Man in the High Pazo" (el nombre clave en inglés era para evitar filtraciones en el ministerio de Gobernación). El proyecto detallaba el Plan Nacional de Repoblaciones y las implicaciones políticas del mismo incluso tras la hipotética desaparición del fascismo ya que el plazo previsto de ejecución era de 100 años. La versión oficial es la que conocemos todos pero la realidad es que el proyecto preveía una simulación de los ciclos económicos y de la gestión del mundo rural en diferentes escenarios, con y sin fascismo. El objetivo final era perpetuar la obra franquista más allá del horizonte temporal de su creador, siguiera o no siguiera el régimen. Para ello el proyecto contaba con los aliados más duraderos en el paisaje español: los montes. Por tanto el Plan Nacional de Repoblaciones era al fascismo lo que Wagner a los nazis. Era un símbolo para que las siguientes generaciones vieran la grandeza del régimen. Y nosotros nos dejamos engañar para poner en marcha su perverso plan. Afortunadamente la resistencia ecologista nos puso en aviso. Cada vez somos más los ingenieros de montes que estamos con ellos. Es una realidad muy dura para la población pero debe saberlo aunque va a ser difícil, muy difícil luchar desde dentro. Junto con el fatídico informe me han pasado una espeluznante grabación del himno "oculto" de los ingenieros de montes que perpetraron este odioso plan. El audio y la imagen no es muy buena pero dice mucho de la ideología que lleva esta conspiración en la sombra:


El informe robado por el grupo "ecologistas" nos habla también de las consecuencias del plan a largo plazo en una economía democrática. El proyecto prevé que si el fascismo fracasa tras la muerte del Dictador, la democracia sólo traerá desarrollo urbano y ausencia de inversión forestal, lo que generará 6 millones de hectáreas de pinares sin gestión a altas densidades, monoespecíficas y sin posibilidades de naturalización debido a la ausencia de inversión. Ello llevará a grandes decaimientos, plagas, enfermedades e incendios muy intensos que sumirán a la democracia en una caos inmanejable. En principio no afectará a las ciudades pero la ausencia de gestión hará que los matorrales aumenten en superficie amenazando también las áreas urbanas. Cuando leí esto me pareció ciencia ficción ¿incendios forestales de 20.000 ha? Es imposible. Pues sí. El plan de repoblaciones con pinos lo podría conseguir y el trabajo lo hemos empezado nosotros. El fascismo habrá triunfado incluso después de muerto. Era cierto. Está todo calculado. Incluso las expropiaciones forzosas y la obligatoriedad de repoblar en montes comunales con oposición social era un estrategia para generar odio al Estado. En un régimen fascista la población está controlada por la fuerza. Pero si viniera la democracia el germen del odio a la Administración Forestal estaba servido: focos de ignición asegurados para sembrar la anarquía en unos montes convertidos en polvorín. En esta situación la población pedirá orden y la ideología fascista tendría una oportunidad de nuevo. Y la clave somos nosotros, los ingenieros de montes. No me pude sentir más sucio. Sólo espero que el mundo cambie lo suficiente en los próximos años como para que esto no se cumpla. Por lo pronto mi objetivo en la resistencia será reclutar a los compañeros para que sepan que son burdos instrumentos del Estado. Que la ciencia y la técnica que hay detrás de sus decisiones sólo tienen como objeto dar beneficios a corto plazo y boicotear la democracia (si viene) a largo plazo. Que plantar pinos no beneficia a todos, sólo es una estrategia para que el fascismo vuelva al poder. Y nosotros sin saberlo. Y el mundo sin saberlo. No sé si estamos preparados para esto, La realidad no es como nos la contaron. La resistencia "ecologista" nos ha abierto los ojos. Ojos hoy con lágrimas porque me da asco mi profesión. La han manoseado, la han manipulado ¡Oh queridos Hartig y Cotta! Me alegro de que no podáis ver esto. La gente debe saberlo.

Documentos de interés si estáis preparados para saber la verdad:



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2 comentarios:

  1. Muy bueno.Hay que poner humor.Si gestionasemos más nuestros montes. Si no siguiesemos actuando como ricos (ya se que la crisis nos hace pensar que somos pobres). Pero seguimos actuando como ricos. El monte no es rentable. Es una pena que no nos den más presupuesto para gestionarlo. ¿De dónde quieres sacar más presupuesto? ¿de la raquítica investigación? ¿de las pensiones? ¿de la educación? ¿de sanidad? ¿de los otros sitios en los que no hay apenas presupuesto?. ¿No será más inteligente tratar de ser sostenible y sacarlo de la gestión forestal propiamente dicha?

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    1. Más razón que un Santo :-) Gracias Domingo por tu opinión

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