sábado, 6 de septiembre de 2014

La paradoja del fuego forestal

Colaboración externa Por Alejandro García Hernández

Parafraseando al Dr. Wayne Dyer:
Cuando cambiamos la forma de mirar las cosas, las cosas que miramos cambian.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió en el mundo de la ecología tras los devastadores incendios que en 1988  asolaron más de medio millón de hectáreas en el Parque Nacional de Yellowstone cuando con cientos de millones de dólares gastados en intentar una extinción imposible y tras tres meses de combustión, fueron las lluvias otoñales quienes acabaron con las llamas. Numerosos estudios posteriores se centraron en las causas y factores que motivaron tamaño desastre, así como en las consecuencias que ello supondría para la rica fauna y flora del Parque. Diez años bastaron para que se recuperaran los niveles de biodiversidad anteriores al incendio, y de entre los trabajos de investigación realizados, los que se centraron en el estudio de los anillos de crecimiento del arbolado y del polen y las esporas allí encontrados, vertieron unos resultados sorprendentes: éste no había sido un caso excepcional, sino que incendios similares habían tenido lugar en la zona cada 200 o 300 años. La reflexión analítica de tales resultados sentó las bases de cómo entendemos en la actualidad los incendios forestales desde el punto de vista científico. 


Que el fuego es un factor ecológico es algo admitido hoy día por la comunidad científica. Igual que hablamos del régimen de precipitaciones de un ecosistema determinado, hemos de entender su  “régimen de incendios” como el conjunto de características de los incendios de un área o ecosistema determinado a lo largo de un periodo de tiempo, especialmente en lo referido a recurrencia, intensidad, severidad, estacionalidad y tipo, ligado, como es lógico, a las variaciones del clima y la estructura de la vegetación que le son característicos. 

Igual que hay especies que se valen del viento para el intercambio de polen (anemogamia) o para la dispersión de semillas (anemocoria),  la mayoría de las especies que pueblan nuestros montes son pirófilas, esto es, basan sus estrategias de regeneración en la existencia del fuego: el rebrote, la serotinia o el reclutamiento seminal son cualidades propias de la vegetación mediterránea.



El régimen natural de incendios en los ecosistemas mediterráneos tiene una recurrencia de solo unas decenas de años, como el Dr. Pausas, investigador del CSIC explica en sus publicaciones, entre 25 – 100 años, y como los herbívoros y el fuego compiten por la biomasa vegetal, la disminución del diente, ya sea doméstico o silvestre, tiene una clara relación inversa con los incendios, y puesto que el éxodo rural y los cambios sociales asociados han derivado en una drástica reducción de la presión agroganadera sobre nuestros montes y en una sustitución casi total de las leñas como combustible doméstico por otras fuentes de energía más cómodas (aunque más caras y menos limpias y sostenibles), los excedentes de biomasa se acumulan en el medio natural de una forma hasta ahora desconocida en la historia de la humanidad en la Ibérica penínsular. He ahí el problema, los incendios de 3ª generación están servidos. 


Las políticas de erradicación del fuego inducen el Gran Incendio Forestal.


La reacción de las administraciones públicas ha sido clara y comprometida: multiplicar la inversión en medios de extinción: mayores y mejores dotaciones, se modernizan los equipos e incrementa el número de medios aéreos y terrestres de lucha contra el fuego y se prohíben o restringen los usos del fuego que tantos incendios causan cada año por negligencia para reducir la incertidumbre que a la sociedad generan los incendios forestales, para dar seguridad al ciudadano que se duele por tan repetida catástrofe natural…, “catástrofe/natural”…, un momento, si es natural no es catástrofe, es perturbación; la naturaleza está llena de ellas, y las utiliza para restaurar el equilibrio y asegurar la regeneración y la vida. La ignición puede ser antrópica, pero la propagación es natural porque nuestros montes son pirófilos y cada vez más susceptibles. La propia administración está confundiendo fuego con incendio y además difunde el error con campañas como la archiconocida “Todos contra el fuego”. Sí, clara y comprometida, pero errónea, simplista y reactiva ante el crecimiento de los incendios: mayores restricciones al uso del fuego, aumento de las medidas coercitivas y crecimiento de los operativos con el consiguiente incremento presupuestario…  y así sucesivamente a pesar del fracaso reiterado de tales esfuerzos puesto que cada vez son más grandes y virulentos nuestros Grandes Incendios Forestales (GIF), tanto que en la comunidad técnica y científica se nos queda chico el término GIF y empezamos a hablar de megaincendios para referirnos a estos de 5ª generación.[1]




Las políticas que aniquilan,  erradican y estigmatizan del fuego no están basadas en la ciencia y en el análisis de la génesis del problema, sino en la pretenciosa e infructuosa voluntad humana de controlar la naturaleza. La paradoja del fuego es que para la eficaz prevención de incendios forestales resulta imprescindible la reintroducción de los usos ancestrales que el hombre hizo del fuego, o al menos de aquellos compatibles con los actuales usos del suelo. Mientras las políticas sociales no devuelvan la población a los núcleos rurales y las políticas energéticas no retomen el consumo de la biomasa excedentaria en nuestros montes, tendremos que volver a la domesticación del recurso fuego como aliado contra los incendios, y éste tiene mucho que ofrecer al hombre…, como siempre hizo: en la creación eficiente de discontinuidades, en la recuperación y mantenimiento de pastizales, lo que supone a su vez el manejo de los combustibles, en el aumento de la biodiversidad facilitando la creación del paisaje en mosaico que tanto dificulta la propagación, en el desbroce de matorral altamente inflamable, en el control de la excesiva regeneración donde la haya, en el mantenimiento de las infraestructuras de defensa contra incendios,  en la formación del personal de los operativos de lucha contra incendios en técnicas de manejo del fuego para la aplicación segura y eficaz del fuego técnico en extinción, y otros beneficios colaterales como la incorporación de coloides al suelo, el necesario tratamiento de la vegetación previo a las repoblaciones allí donde las condiciones edáficas lo aconsejen, en la eliminación de restos agrícolas y forestales, en el control fitosanitario y un largo etcétera de fácil redacción si volvemos la vista a los usos tradicionales del fuego como herramienta de gestión.


[1] Los de 4ª generación, por si el lector se lo pregunta, son los incendios de interfaz, según la clasificación que de la evolución de los incendios en nuestro país hacen Castellnou y Miralles. 

Alejandro García Hernández es Ingeniero de Montes, Máster Universitario en Incendios Forestales, Ciencia y Gestión Integral. Actualmente es Jefe de Sección de Montes Públicos de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura.





Fotografías del post cortesía de Alejandro García y Pau Costa Foundation (c)



Si os gustan las entradas de nuestros colaboradores podéis apoyarnos en los premios Bitácoras 2014 en la categoría de Ciencia, el mundo forestal y medioambiental debería estar bien representado aunque compitamos contra los gigantes de la ciencia básica. Gracias como siempre por vuestro estímulo.

11 comentarios:

  1. [ Copio/Pego el comentario que hice al respecto en el grupo de Facebook de Unidad de Fuegos Forestales por mantener aqui tambien el debate...] ;)


    Es una reflexión extremadamente interesante. Sin intentar contradecir el fondo del texto, con el que concuerdo, si que considero que hay algunos pasajes que merecerían algunas matizaciones.

    Reconozco que el asunto es muy complejo y muy variable incluso en pequeños desplazamientos geográficos y que caeré en el mismo pecado, pero aquí van algunas cuestiones que me surgen.

    - Al hablar de "pirofilia" no todo lo que lo parece lo es. Me explico: es muy difícil separar (y más en ámbitos mediterráneos) las adaptaciones al fuego de las adaptaciones a la sequía o a la herbivoría. Es decir podríamos creer encontrar aparente pirofilia en algunas áreas concretas donde el fuego no tuviera presencia relevante. Por tanto, es siempre la acumulación de biomasa resultado de la supresión del fuego? O lo es de la supresión de una carga herbívora/ganadera intensa? (Y de sus combinaciones )

    - Dando por ciertas las adaptaciones anteriormente mencionadas y la intensidad del uso humano del territorio en muchas áreas, quizá convendría preguntarse si dicha intensidad unida a las adaptaciones no ha hecho sino perpetuar estadíos poco evolucionados de la vegetación y seleccionar las especies adaptadas a los mismos. Probablemente el abandono de dicha presión suponga una evolución del sistema que no siempre será perjudicial, aunque en dicho camino atraviese etapas de gran vulnerabilidad y riesgo. ¿es el retorno y mantenimiento "forzado" de etapas regresivas la mejor solución? ¿Debemos ayudar a alcanzar otras etapas aunque eso obligue a grandes esfuerzos de supresión en los periodos más delicados?

    - Por último y por no extenderme más no se debe obviar el origen humano de numerosos incendios ( bien sea por accidente, negligencia o dolo ) que en algunas zonas está muy por encima del aparente régimen histórico de fuego. Tampoco es posible obviar la distinta distribución en el territorio de la población y, sobre todo, la disociación de vivienda y agricultura desde mediados del sXX.

    En resumen, que entre el modelo "Yosemite" y el "más hidroaviones" deberemos encontrar para cada área el modelo propio y seguramente hasta ahora inédito (ya que el territorio poco se parece al que algún día fué).

    Ya paro. Gracias Alejandro y Javier por incitar a la reflexión. Saludos.


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    1. Gracias J., me alegro de que Alejandro incitara a tu reflexión que no tiene desperdicio. Saludos

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  2. Justo hoy he visto este artículo en 20 minutos de Marc Gulis http://blogs.20minutos.es/ciencia-para-llevar-csic/2014/09/04/ecologia-del-fuego-son-perjudiciales-todos-los-incendios/?utm_medium=twitter&utm_source=twitterfeed

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  3. Otro interesante documento divulgativo en forma de cómic basado en los artículos científicos que hablan de la paradoja del fuego y que tiene como protagonista al inventor del término Richard Minnich. Vía grupo Unidad de Fuegos Forestales de FB: http://blogs.kqed.org/lowdown/2014/09/04/burned-out-why-wildfires-in-the-west-have-gotten-so-much-worse-comic/

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  4. Quería recordaros también algunos de los artículos publicados en Fuegolab relacionados con la paradoja del fuego:

    "Los Espacios Naturales Protegidos:¿están protegidos frente a los grandes incendios? http://fuegolab.blogspot.com.es/2013/02/los-espacios-naturales-protegidos-estan.html

    "Quemas prescritas: el fuego que ayuda a conservar nuestros bosques": http://fuegolab.blogspot.com.es/2013/02/quemas-prescritas-el-fuego-que-ayuda.html

    "El animal que sabe hacer fuego y no sabe aprender del pasado": http://fuegolab.blogspot.com.es/2013/02/el-animal-que-sabe-hacer-fuego-y-no.html

    Mi dosis de autobombo ha concluido: feliz domingo

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    1. Gracias por este intercambio de ideas y por los debates en tuiter

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  7. Interesante post e interesantísimas reflexiones. A ver si encontramos ese punto medio entre las paradojas: la de la extinción y la de la "regresión". Saludos.

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    1. Estoy de acuerdo, aunque por ahora me reservo mis comentarios para no "contaminar" el interesante debate que ha suscitado Alejandro y que ya se acerca a las 500 lecturas!!. Al final me convertís en editor y me retiro de escribir post ;-)

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